El Espejo del Alma
“Nací por casualidad, ese es el mayor de mis talentos y la más triste de mis ensoñaciones”. Esta celebre sentencia no dejaba de recitarla constantemente él, mientras busca en el armario trastero, algo que sabe que no va a encontrar; pero es demasiado obstinado incluso en aquello que carece de la más remota esperanza. Él es un singular cruce entre hombre e ilusión. A veces existe y a veces no, pero lamentablemente nunca es consciente de ello. En incontables ocasiones desaparece espontáneamente durante el transcurso de nuestras conversaciones, él sabe que puede ocurrir en cualquier momento, por eso siempre habla con mucha elocuencia y matizando con rotundidad sus puntos de vista. Sus apariciones no tienen ningún vínculo causal, como tampoco sus prolongadas ausencias. No obstante, esta atado a mis vivencias con férreas cadenas. Es un personaje que no tiene ningún trasfondo ni ninguna interioridad, porque su existencia tan solo depende del más ciego azar. Siempre que lo veo lo reconozco, aunque no son los confusos rasgos de su fisonomía los que lo delatan, tan solo su inseparable condición de efímero, de triste viajero del tiempo. Intentaré describirlo, aunque no en sus rasgos más esenciales, porque eso sería una tarea interminable, ya que su escurridizo ser no se rige por los cánones de la lógica, sino que se manifiesta a partir de sensaciones inexplicables. Tan solo puedo narrar con cierto rigor cuando lo conocí, porque el resto de apariciones o bien carecen completamente de sentido o son tan vacuas que mi débil memoria no puede asociarlas en modo alguno. Me encontraba en un edificio, en la azotea, y mientras miraba hacía abajo, escuché un grito, como si alguien se estuviese precipitando al vacío. Eché un rápido vistazo a mí alrededor, pero no pude ver absolutamente a nadie. Era el eco de la nada, la sombra negra de la vida que jugaba con mis temores. Era una ahogada voz que resonó en mi interior, las débiles palpitaciones de una quimera que paulatinamente se mezclaba de un modo misterioso con mis sensaciones y pensamientos. Mientras el desconcierto crecía en mí, noté como una mano invisible me palpaba la espalda. Me gire, y contemple por primera vez a él. Llevaba una chaqueta, lentes y una cara descompuesta de dolor. Su primera reacción al ser consciente de que existía y que se podía comunicar, fue preguntarme: - “¿tiene algún sentido decir que era yo, aquel que se precipitaba al vacío?”. Sin inmutarme le respondí que esa pregunta le pertenecía a él pero no a mí. Existen ciertas fantasías y ciertos héroes que nacen a partir de una explosión de esplendor, pero su caso fue completamente contrapuesto. Nació cuando el vacío se estaba ahogando, como la mayor parte de los actores secundarios. Posteriormente me dió la espalda avergonzado, e irritado consigo mismo, y se desvaneció instantáneamente como si hubiera recibido un tremendo hachazo de realidad. Me quedé absortó mirando las lejanas calles, que parecían los vestigios de una olvidada historia, intentando encontrar un sentido a la inquietud de aquel personaje vago e incomprensible. Después he sido testigo de su errática presencia en indefinidas ocasiones. A veces lo veo deambular por las calles desde mi ventana, parece que esta buscando algo pero nunca puede encontrarlo, se queda sentado en un banco y hace intempestivas preguntas a los transeúntes, algunos no pueden verlo, y los que pueden verlo no comprenden lo que dice y lo esquivan con suma facilidad. A veces me interrumpe mientras estoy leyendo, o cavilando acerca de enigmas, se sienta en el mullido sofá, y entrecruzando las piernas, me interroga con frialdad. Siempre adivina lo que estoy pensando, parece la jaula de mis palabras, las turbias fronteras entre el sueño y la incomprensión. Me hace retroceder, me arrincona en su palacio congelado, me lleva hasta allí con sus inexistentes fuegos de artificio, creo que es un gran orador. Nada le avisa que puede desvanecerse en cualquier momento, pero habitualmente como toda sombría sensación ocasional, sabe desguarecer al alma de todos sus refugios. En ocasiones me despierta y me recrimina mi injustificado descanso recordándome que en cualquier momento puedo dejar de percibir el mundo, me habla desde la perspectiva de un espejismo que esta acostumbrado a morir...

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