Sigo Siendo incoherente...
Te vas, y yo me quedo, y te vas... porque... porque asi lo quiero, porque me di cuenta que no fuiste tu la que se acerco, si no que he sido el que nunca se fue y siempre estubo en tu busqueda. Tú, lo nuevo; yo, lo viejo e inseguro; dos extremos que están condenados a separarse continuamente para no anularse uno a otro. Es cierto aquello que dicen, siempre es peor la despedida para el que se queda, te preguntaras porque saco esto ahora? Bueno... porque hoy decidi alejarme y ya no buscarte... porque me di cuenta que soy el sin futuro... el que esta lleno de carencias...el que busca beber de tu fuente, porque para mi tu contienes todo lo que pudiera haber necesitado un dia...el que se va lo hace con un equipaje de ilusiones, de promesas vagas del futuro, de expectación ante el mundo nuevo, buscando la nueva vida que puede que encuentre... y en realidad es todo lo que deseo para ti, que vuelvas a renacer, que dejes esa amargura que has cargado estos ultimos años que en verdad no van con tus ojos, ni con el tono de tu piel, ni con tu boca... tu boca... terciopelo en flor...
El que se queda tiene demasiado miedo como para hacer el equipaje y cerrar para siempre la casa, y al miedo se une un cierto resentimiento, el del síndrome del abandonado que es incapaz de abandonar, y su equipaje pesa siempre demasiado, tanto recuerdo doblado cuidadosamente, el afán de agarrarse a algo tangible pesando como un plomo en su alma, imposibilitando cualquier paso hacia delante... aunque realmente esta demasiado cansado para dar un paso en poz de su vida...
Lloramos cuando alguien se va, cuando muere, cuando se pierde de nuestro camino. Pero lloramos no porque ese alguien nos dé pena, más bien es por la sensación de quedarnos solos, de que el mundo gira sin que podamos pararlo, el tiempo siguiendo su camino infinito sin que podamos hacer nada por detenerlo, pero tampoco se quiere detenerlo... porque solo espera el fin... fin de que? el fin de todo... el fin de los miedos y para eso la mejor espera es hacerlo tan solo como comenzaste el recorrido en esta vida...
Ya está, te has ido, y yo me quedo hablando con el fantasma de tu presencia, con el vacío de tu ausencia, pensando en todo lo que hemos compartido, y alimentando la esperanza de que algún día, quizás muy pronto, podamos compartir algo más. Es lo único que me permite sonreír mientras lloro al contemplar la soledad que me aguarda en forma de habitación vacía.
El que se queda tiene demasiado miedo como para hacer el equipaje y cerrar para siempre la casa, y al miedo se une un cierto resentimiento, el del síndrome del abandonado que es incapaz de abandonar, y su equipaje pesa siempre demasiado, tanto recuerdo doblado cuidadosamente, el afán de agarrarse a algo tangible pesando como un plomo en su alma, imposibilitando cualquier paso hacia delante... aunque realmente esta demasiado cansado para dar un paso en poz de su vida...
Lloramos cuando alguien se va, cuando muere, cuando se pierde de nuestro camino. Pero lloramos no porque ese alguien nos dé pena, más bien es por la sensación de quedarnos solos, de que el mundo gira sin que podamos pararlo, el tiempo siguiendo su camino infinito sin que podamos hacer nada por detenerlo, pero tampoco se quiere detenerlo... porque solo espera el fin... fin de que? el fin de todo... el fin de los miedos y para eso la mejor espera es hacerlo tan solo como comenzaste el recorrido en esta vida...
Ya está, te has ido, y yo me quedo hablando con el fantasma de tu presencia, con el vacío de tu ausencia, pensando en todo lo que hemos compartido, y alimentando la esperanza de que algún día, quizás muy pronto, podamos compartir algo más. Es lo único que me permite sonreír mientras lloro al contemplar la soledad que me aguarda en forma de habitación vacía.

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